Sólo tengo un recuerdo de la abuela. De hecho, es también mi primer recuerdo.
Es en el recibidor de casa de los abuelos, aunque no sé si tú te acordarás siquiera de ello. Era un antiguo bloque de apartamentos en la calle paralela a la nuestra, donde hoy está la sección infantil del Zara. La fachada se caía a cachos y yo nunca fui capaz de abrir la puerta. Siempre se lo acababa dejando a mamá o al abuelo, ya que la cerradura estaba tan gastada que necesitabas hacer bastante fuerza para poder abrir, lo cual me era imposible por aquel entonces.
Sin embargo, cuando entrabas, enseguida te sobrecogía el colorido de los buzones, en contraste con el aspecto lóbrego que los rodeaba. Eran como una pequeña isla multicolor dentro de un océano beige. Verdes, rojos, azules; todos compartían una tonalidad pastel que me recordaba a mi caja de ceras, y podía quedarme varios minutos contemplándolos —normalmente preguntándome si su sabor sería igual de malo que el de mis pinturas—. No obstante, era nuestro buzón amarillo el que más destacaba, sobre todo comparado con los negros, blancos y grises que lo rodeaban. Recuerdo al abuelo abrirlo mientras, por lo bajini, susurraba maldiciones a causa de lo alto que estaba colocado. Por eso, si quería ver su interior, estaba obligado a ponerse ligeramente de puntillas, apoyándose en la pared.
Pero mi recuerdo con la abuela es distinto. Si bien era más bajita que el abuelo, para mi era como un gigante en aquella época. Ella simplemente abrió el buzón y palpó con su mano el interior. Al darse cuenta de que dentro había algo distinto a una carta, su cara se iluminó. Con agilidad, sacó el bulto rojo, cerró el buzón en dos movimientos y me hizo señas para que subiéramos a su casa.
Ese paquete fue mi primer libro de dibujo. Por eso, cuando pinté mi primer cuadro, me pareció que plasmar esta escena era lo más natural. Como si estuviese cerrando un círculo. Sin embargo, ahora que mamá no está, prefiero que lo tengas tú. Espero que así puedas sentirte más cerca de ella, como si nunca se hubiera ido. Y de paso puedas conocer, aunque sea de manera indirecta, a través de mis ojos, a la abuela.
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